Inicio 22 de marzo de 2011

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La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse
La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse

Las nuevas tendencias del vino buscan con ansias productos innovadores, así lo ideal es guiar al consumidor a una nueva experiencia con sabores antes no probados...



Nuevos vinos en zonas extremas de Chile


Nuevas caras se están sumando al grupo de avezados productores que eligen zonas extremas para elaborar vinos únicos, ya sea por altura, cercanía al mar o tipo de suelo.

“Se llaman viñedos extremos, porque en términos climáticos están en lugares donde la producción cuesta más, pero también es muy distinta en sabor y aroma. La apuesta es por un producto diferente”, explica Marcelo Retamal, enólogo de Viña De Martino, que hace lo propio a 1.900 metros de altura.

A nombres conocidos como De Martino, Miguel Torres, Casa Silva y Tabalí se han sumado otros, como el de la empresaria Victoria Petermann -hermana de Víctor Petermann, dueño de Tehmco y de la reserva ecológica Huilo-Huilo-, o Jorge Morandé, hermano de Pablo Morandé, presidente de la viña del mismo nombre.

En todos los casos, se trata de emprendimientos que forman parte de una tendencia que dio sus primeros brotes hace 10 años y que ha tenido un crecimiento relevante. Pero no en volumen. Son cosechas que no todos los años resultan buenas y en cantidades más bien pequeñas. Los precios finales, sin embargo, son atractivos.

“La inversión es cinco veces más alta que plantar una hectárea en el Valle Central, mientras que la producción llega a un tercio de la que se obtiene ahí”, afirma Fernando Almeda, director técnico de Miguel Torres Chile.

“Cierro los ojos y lo que haya que poner lo pongo. Ha sido súper caro, pero algún día compensará”, señala la empresaria Victoria Petermann, quien apostó por los vinos extremos en Perquenco, Valle de Malleco, en la Región de La Araucanía. Ahí, en la parte alta de su fundo Las Gredas, escogió una ladera con buena orientación por el sol. Partió en 2001 con 1,2 hectárea de chardonnay y hoy tiene dos hectáreas. Para 2012, su plan es doblar ese tamaño. La primera cosecha fue en 2005 y se destinó a los hoteles de Huilo-Huilo. “Son campos trigueros, con lluvias en invierno, frío en la noche y bastante calor en el verano. Cuesta que la uva llegue a madurar. El terroir es muy bueno por su condición geológica, ya que es suelo volcánico”, cuenta Petermann. Lo máximo logrado fue en 2008, con 2.400 botellas de Alto Las Gredas, vino que comercializa su hermana Ivonne en Santiago y se vende en los hoteles Ritz-Carlton, Marriot y Hyatt. “Soy la que está produciendo más al sur. Poco a poco aparece gente interesada, porque está teniendo buen resultado por la calidad”, detalla Petermann.

Otro viticultor que forma parte de la nueva camada es Jorge Morandé, quien puso sus fichas en Chanco, un pueblo ubicado en la costa de la Séptima Región, en el Valle del Maule. “Pensé que a la Séptima Región le faltaba vitivinicultura costera”, cuenta Morandé. Con esa idea, y sin tener tierra, consiguió un pedazo de terreno del campo de una amiga. En 2007 plantó media hectárea con las variedades pinot noir, sauvignon y chardonnay, en un sitio ubicado sólo a dos kilómetros del mar. Previamente, había hecho un estudio del clima, que arrojó que se trataba de una zona fría casi al extremo, lo que retrasa la maduración de la uva y produce aromas más intensos.

Morandé relata que la inversión que demanda la plantación está entre US$ 15 mil y US$ 16 mil por hectárea, pero que los rendimientos pueden ser bajos y variables . “El costo operacional es mayor que en un viñedo normal, pero lo supliremos con una plantación de alta densidad, para producir poco por parra, pero no menos de 7.000 kilos por hectárea para pinot noir”, adelanta. Para la futura comercialización, la idea es hacer una bodega tipo garaje en el mismo campo, a través de la marca Chanco. El empresario cree que se seguirán haciendo proyectos en zonas extremas. “El mercado está avido de cosas nuevas, siempre y cuando sean de buena calidad”, apunta Morandé.

Similar visión tiene Marcelo Retamal, de la Viña De Martino, que produce el vino Alto Los Toros en Alcohuaz, a 1.900 metros de altura, en el Valle del Elqui. Si bien cae nieve en el invierno, el viñedo -de casi cuatro hectáreas- tiene 300 días soleados al año, lo que le da un carácter propio al vino. La primera cosecha comercial fue en 2008 y se produjeron 10 mil botellas. En 2012 buscarán lugares para hacer pinot noir de alta gama en la zona sur de la Cordillera de los Andes.

Casa Silva, en tanto, posee seis hectáreas experimentales en Futrono, en el lago Ranco, que fueron plantadas en 2007. “Los resultados nos indican un buen potencial. Creo que creceremos , pero lo iremos haciendo paulatinamente”, adelanta Mario Pablo Silva, gerente general de Viña Casa Silva.

Fuente: Diario La Tercera


Por Daniel Guajardo
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