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[27/05/2008]
Control de heladas con baja aplicación de agua en vides viníferas
Los daños provocados por las heladas en los diversos cultivos se pueden mitigar con un buen método de control.

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Se considera la ocurrencia de heladas cuando la temperatura del aire, a 1,50 metros sobre el nivel del suelo, es igual o menor a 0°C. Conocemos varios tipos de heladas: las de advección, radiación, evaporación y las mixtas. Todas estas heladas son perjudiciales para la fisiología de la planta, afectando la producción y calidad de la cosecha, conforme sea el desarrollo de la planta cuando se producen.

Existen diversos métodos para combatir las heladas: los pasivos y los activos. En los métodos activos para el control de las heladas la aplicación de pequeñas cantidades de agua por aspersión sobre la planta permite un alto nivel de control cualquiera sea el tipo de helada que se produzca. Presenta ventajas en comparación con los ventiladores, los ventiladores asociados con calefactores, los calefactores móviles y los helicópteros. La aplicación de agua por aspersión durante el período de helada produce consecutivamente en el tiempo, los siguientes efectos sobre los elementos que moja, que pueden ser brotes, hojas, flores, tallos y troncos:

1. El sistema inicia su funcionamiento cuando la temperatura del aire es de +1,5°C. En estas condiciones ambientales -en proceso de pérdida de calor- normalmente la fuente de agua ya sea de pozo profundo o disponible en un estanque presenta una temperatura del orden de 15 ºC a 18°C. Una vez transportada el agua por la red de tuberías y dispersada sobre la planta o la hoja que se quiere proteger la rodea y envuelve, mojándola completamente a consecuencia de la característica física de la tensión superficial del agua. Antes que se produzca la helada, el elemento a proteger se encuentra embebido en agua y bajo aplicación constante de más agua. En esa situación se produce una transferencia de calor por conducción desde el agua rociada hacia los elementos que está mojando. Es decir, la hoja o el brote está recibiendo un aporte calórico continuo y permanente cuya magnitud es función principalmente de la temperatura del agua recibida. Este fenómeno lo denominamos primer nivel de protección.
2. Si continúa el descenso de la temperatura ambiente y se alcanza niveles inferiores 0°C, se inicia lo que denominamos el “período bajo cero”. En ese momento comienza la formación de hielo sobre el elemento a proteger. El agua que embebe la planta se transforma completamente en hielo. Durante el proceso de cambio del estado líquido del agua al estado sólido, se produce la liberación de la energía calórica (80 Cal/gr) almacenada en el agua, la cual es recibida por la hoja o el brote. Este aporte calórico que se transfiere parcialmente a la planta y mayormente al medio lo denominamos “segundo nivel de protección” cuya magnitud está íntimamente relacionada con la energía calórica del agua y el área mojada que se desea proteger. El proceso de formación de hielo tiene una duración de algunos minutos generando sobre la planta lo que denominamos una “envoltura de protección”
3. Nos encontramos entonces en pleno “período bajo cero” con la planta y sus partes humedecidas envueltas en hielo. Se ha originado una protección por medio de una capa aislante que se explica a través del fenómeno conocido como efecto iglú. De esta manera la pérdida de calor del elemento protegido es mínimo y su magnitud será función de la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior de la protección y del espesor de la capa de hielo que se forme. La aplicación de agua debe continuar, la que se convierte en hielo, produciéndose una liberación constante de su calor específico, que se transfiere parcialmente a la superficie de hielo, evitando que esta superficie disminuya su temperatura y probablemente manteniendo un nivel cercano a 0º C. Este proceso, que denominamos “mantención de la protección”, constituye el principal soporte de este método de control. Si la temperatura del hielo disminuye conforme disminuye la temperatura ambiente, que puede alcanzar niveles de -5º C a -6º C se perderá la protección y la planta se dañará. Por esta razón se debe continuar la aplicación permanente de agua.
4. Una vez que el medio alcanza temperaturas sobre 0º C, no se deja de aplicar agua hasta que se produzca el total derretimiento de la capa aislante de hielo. De este modo el calentamiento del aire, más la temperatura del agua empiezan a derretir el hielo formado sobre el elemento. Una vez que se haya licuado el hielo termina el proceso sin que la hoja o el brote se vean afectados.
5. Este extraño y largo proceso que se extiende por horas y cuyas particularidades aún desconocemos, requiere de sistemas de manejo del agua delicados. Debemos evaluar la fuente de agua, la calidad de la misma, su disponibilidad, la capacidad de almacenamiento, los equipos de bombeo, filtración y conducción del agua y por último lo que consideramos de mayor relevancia; el elemento que permite aplicar el agua en forma localizada.


Los elementos tradicionales que nos permiten aplicar agua para el control de las heladas son aspersores de poca eficiencia. Estos mojan en círculo, son de alto caudal y la mayor parte del agua cae al suelo quedando interceptado solo un pequeño volumen. La industria ha desarrollado productos con nuevas tecnologías que minimizan el agua aplicada y las concentran en las hojas o frutos mejorando significativamente el control de las heladas por medio de pequeñas cantidades de agua aplicada. Hemos instalado aspersores especialmente diseñados para las vides viníferas con capacidad para mojar las hileras y que significan consumos de 2,0 litros por segundo por hectárea o aspersores de 8, 12 y 19 litros por hora instalados sobre los centrales que se encuentran a una distancia de 5 a 7 metros. Estos bajos caudales NO significan una menor protección que otros sistemas de mayor caudal. En ambos casos gran parte del agua no es aprovechada para controlar y cae fuera de los elementos a proteger. El hielo formado fuera del elemento y que no genera el efecto iglú, no produce ningún aporte al control de helada. Es por esta razón que la variable de milímetros de agua aplicada por hectárea para evaluar la capacidad de control de un sistema por aspersión no refleja el fenómeno real por medio del cual se produce el control.

En Chile existen 300 hectáreas de plantaciones de vides probadas con este método con excelentes resultados de control durante las heladas de primavera del año 2006 ocurridas en los Valles de Casablanca y Lontué.

Instalación

La instalación de estos sistemas de bajo caudal permiten que muchos productores tengan acceso a este método ya que es posible utilizar la mayor parte de la red hidráulica instalada para los sistemas de riego por goteo, siendo necesario la mayor veces sólo la instalación de los emisores, con sus respectivas válvulas y cierto apoyo de equipos de bombeo y filtración e de tamaño menor.

Felipe Cáceres Pizarro
TierraVerde S.A. Agroinnovación
www.tierraverde.cl
Santiago, Mayo 2008

Autor:Chile Potencia Alimentaria
www.chilepotenciaalimentaria.cl