Inicio 04 de junio de 2014

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La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse
La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse

Las nuevas tendencias del vino buscan con ansias productos innovadores, así lo ideal es guiar al consumidor a una nueva experiencia con sabores antes no probados...



Solo sé que tengo 28 ...

Solo sé que tengo 28 años y realmente no sé lo que he comido


Ana María Farfan Ingeniera en Agronegocios Universidad de Santiago de Chile

Si no me cuestionara los alimentos que he consumido, difícilmente podría notar que hace 10 años los alimentos tenían otro aroma, otro sabor, otra textura  y por sobre todo, otros colores.

En estos momentos nuestros platos se sazonan con alimentos que modificaron su ADN y con una alta carga de pesticidas, y parece que nada podemos hacer o decir. La preocupación se redobla con algunas teorías que infieren graves efectos en nuestra salud por la alta presencia de químicos en los alimentos.

La razón es que todos nuestros alimentos han sido, a favor o en contra, modificados en su estructura para ser resistentes a plagas y principalmente para ser más productivos, premisa de un glorioso objetivo, como  eliminar la hambruna en el mundo. Esta última frase, y como una linda poesía, es la que sigue influyendo fuertemente  en las decisiones de siembra alrededor del mundo. Sin embargo, las semillas transgénicas de Soya, Canola, Maíz y Algodón que usan la mayor superficie sembrada a nivel mundial, no son principalmente destinados a reducir los déficits alimentarios, sino que más bien, son destinados a piensos de ganadería, combustible, aceites y ropa (en el caso del algodón) para los países desarrollados.

Para el año 2011 y con millones de hectáreas de transgénicos sembradas  en el mundo, cerca de 800 millones de personas sufrían de hambre. En el presente, este número de personas  ha aumentado, entonces, ¿cómo se explica que sean los transgénicos los que van a disminuir este déficit  alimentario?

Claramente la propuesta de productividad, no ha sido la mejor alternativa para enfrentar esta situación. Los transgénicos han persistido durante 20 años en base a supuestos como: que alimentaran mejor al mundo, que aumentaran las producciones, que eliminarían el uso de agroquímicos, que coexisten armoniosamente con otros cultivos y que son absolutamente seguros para el medio ambiente y la salud.

La FAO indica año tras año que a nivel mundial se producen alimentos más que suficientes para alimentar a todo el mundo, por ende el hambre no es un asunto de productividad, más bien es de acceso a las tierras y al resto de recursos necesarios para producir. Un estudio de Union of Concerned Scientist determinó que la Soya y el Maíz transgénico, modificados para resistir altas dosis de herbicidas, no fueron más eficientes productivamente que las cultivadas bajo métodos convencionales.

El uso de agro quimos por su parte también aporta al desequilibrio natural. Años atrás, se hablaba del gen BT que produce una toxina mata gusanos, insertada en cultivos de Maíz y Algodón, que evitaba la fumigación excesiva. El problema es que no consideraron a Darwin cuando habló de la teoría de la evolución y adaptación, dado que los gusanos se hicieron resistentes a la toxina y por ende la aplicación de herbicidas fue mayor. En vista de esto, incluyeron a los cultivos la capacidad de ser resistentes a los herbicidas, sin medir los efectos en su entorno a nivel eco sistémico.

En cuanto a la salud, el escenario no es muy diferente. Un caso es Alemania, donde se realizó un estudio a la orina en un grupo de personas que arrojó altas concentraciones  de glifosfato, 20 veces superiores a las permitidas en el agua potable.

Los mayores avances de la transgénica han sido convertir los alimentos en elementos resistentes a herbicidas y funcionar a la vez como insecticidas, lejanos a reducir la escasez de alimentos en el mundo y claramente poniendo en tela de juicio los ápices de la soberanía alimentaria.

Los alimentos cambiaron, se adaptaron a esta corriente y con ellos también nosotros hemos aportado. La seguridad alimentaria hoy en día, se ve precaria y distante de lo que algún día fue. Su defensa implica saberse parte interviniente, responsable y solidaria en los hábitos de consumo. Ser responsable implica también, alimentarte informada y sanamente. No es utópico ni reiterativo, es urgente y trascendente.

Ana María Farfan @anenchen


Por Francisco Aviles
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