Inicio 13 de agosto de 2007

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La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse
La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse

Las nuevas tendencias del vino buscan con ansias productos innovadores, así lo ideal es guiar al consumidor a una nueva experiencia con sabores antes no probados...



la dura realidad de las temporeras


El programa de reportajes “Contacto” de Canal 13, emitido el martes 24 de julio de 2007, dejó en evidencia las precarias condiciones laborales, de higiene y seguridad en las que trabaja la gran mayoría de los cerca de quinientos mil trabajadores/as temporales que recolectan, ralean y seleccionan frutas y hortalizas en campos y packings del país.

La sociedad nacional, especialmente la citadina, pudo apreciar en rostros y relatos de mujeres, el lado amargo de la cosecha. Principalmente, son historias de mujeres, porque en un contexto de crisis de la sociedad salarial marcada por la flexibilización laboral, se ha producido en Chile a partir de la década de los ’70, un proceso creciente de feminización del mercado de trabajo agrícola, que se conserva hasta la actualidad.

Las temporeras – muchas jefas de hogar – son empleadas masivamente por contratistas, productores y empresas de la agroexportación, por sus habilidades en el ejercicio de la tarea, pero también porque han sido más vulnerables al abuso laboral.

En un estudio realizado en el 2005 por el Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM), se constató la segmentación que existe por sexo en el trabajo asalariado agrícola. Las mujeres aumentan su participación laboral en la fuerza de trabajo más carente de regulación y desprotegida, es decir, en el empleo temporal, pero en especial en el subcontratado.

Se develó mediáticamente las consecuencias y costos sociales que conlleva el modelo de producción agroexportador para las mujeres y sus familias. Por lo pronto, visibilizar la cara humana de esta realidad, nos permitirá como sociedad hacernos cargo de lo que proyectaron las imágenes.

Hace varios años que se ha venido reforzando en Chile la asociación directa entre Buenas Prácticas Agrícolas y Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Se ha reiterado que la RSE tiene una dimensión externa y otra interna. La responsabilidad social interna si bien va más allá de cumplir la ley laboral, requiere que este piso mínimo esté resuelto para poder avanzar a un segundo estadio.

La realidad es que las empresas que declaran implementar prácticas de RSE interna, en general, sólo lo hacen considerando a los trabajadores/as permanentes. Sin embargo, el 75% de la fuerza laboral femenina en la agroindustria es temporal, y allí es donde se encuentra el principal núcleo “duro” o zona de incumplimiento legal y ausencia de prácticas de RSE.

Queda planteado el desafío de poner la mirada en toda la cadena productiva. Esta frase tiene distintas implicancias. Para los exportadores de fruta y vino, implica observar y velar por el cumplimiento de las condiciones laborales de todos los trabajadores/as involucrados en los procesos de producción de la empresa, lo que implica no sólo fijar la atención en los empleados/as de planta, permanentes y directos, sino también en los trabajadores/as de los productores proveedores, como también de los/as subcontratados/as.

Desde la perspectiva de la RSE, hay consenso en incorporar como criterios fundamentales de compra el cumplimiento de estándares laborales, previsionales y/o ambientales.


Por Daniel Guajardo
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