Inicio 17 de abril de 2013

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La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse
La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse

Las nuevas tendencias del vino buscan con ansias productos innovadores, así lo ideal es guiar al consumidor a una nueva experiencia con sabores antes no probados...



Bajo las sombras de una común sospecha: el retorno a lo nuestro


La nueva camada de enólogos ha sido capaz de rescatar y valorar las prácticas antiguas de hacer vino y otorgarle un valor a la tierra y a las personas o campesinos que por generaciones han trabajado de la misma forma que sus antepasados.

Hace unos días presenciaba la ponencia de un gran amigo y colega de la industria del vino en la Feria Latinoamericana de Gastronomía ÑAM y se debatía entorno al rescate del patrimonio vitivinícola y gastronómico. ¿De qué nos hemos olvidado? Esa es la paradoja chilena, estamos acostumbrados a mirar hacia fuera y no preocuparnos de lo que tenemos en casa.

Pero lo importante de todo este ajetreo fue definir qué es “lo nuestro” y cómo darle tribuna de cara al mundo como “imagen país” a las tradiciones nacionales, al más puro estilo de nuestros vecinos peruanos, que bajo el mando del Chef Gastón Acurio puso a Perú en la cúspide de la cocina Latinoamericana. Chile ha tomado conciencia y se está haciendo cargo de una deuda pendiente consigo mismo.

Todo esto me hace recordar lo que sucede en nuestra escena vitivinícola y cómo hace unos cuatro años ha surgido un destape que ha revelado el potencial de nuestro país y de los nuevos “hacedores” de vino, que si bien trabajan en grandes Viñas, tienen sus proyectos personales siendo capaces de hacer cosas nuevas y fuera del mainstream.

La nueva camada de enólogos ha sido capaz de rescatar y valorar las prácticas antiguas de hacer vino y otorgarle un valor a la tierra y a las personas o campesinos que por generaciones han trabajado de la misma forma que sus antepasados. Esto es de suma importancia porque han “reivindicado” los “modos de hacer” unificando la riqueza de las tradiciones culturales autóctonas que nos hace ser capaces de valorar nuestra identidad y mirar cara a cara al mundo.

Un ejemplo de esto fue la subvalorada o ilegítima “cepa país”,una cepa ancestral que por generaciones se la utilizó para elaborar pipeño, chicha, vino de mesa o como ingrediente de mezcla para vino. Más de 200 años caracterizan la historia de esta variedad que llegó junto a los españoles y que aún se sigue cultivando en las zonas del secano interior y costero, principalmente Maule y Bío-Bío, y que aún se cultiva en manos de alrededor de 8 mil pequeños y medianos productores que han sido revalorados y que salieron a flote gracias al trabajo del enólogo francés Louis-Antoine Luyt, quién supo darle dignidad a esta variedad y devolverle toda su nobleza.

Se aproximan cambios fundamentales para este año y que ya están dando sus frutos, marcando tendencias y consolidando lo que teníamos olvidado. Bienvenidos a una nueva mirada unificadora y diversa. Y como dicen por ahí: “las diferencias se distinguen por las tradiciones nacionales y somos lo que somos, precisamente por la armonía entre nuestra propia personalidad y nuestra propia identidad cultural”!

• Macarena Lladser, Sommelier Profesional, Docente de la carrera Administración de Negocios de la Industria del Vino de Culinary, Instituto Profesional de Artes Culinarias y Servicios.


Por Lector Agro
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