Inicio 24 de abril de 2006

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La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse
La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse

Las nuevas tendencias del vino buscan con ansias productos innovadores, así lo ideal es guiar al consumidor a una nueva experiencia con sabores antes no probados...



el vino en lata se abre paso en el mercado japonés


La empresa distribuidora Nihon Shurui Hanbai ha apostado fuerte por esta nueva manera de presentar el vino que, en este caso, llega procedente de los viñedos australianos, de la bodega "Barokes".

Los productores aseguran en su página web que con este nuevo envase, patentado como "Vinsafe" se conseguirá una "revolución en el consumo de vino" y se abrirán nuevos mercados.

La distribuidora nipona, que además posee la exclusiva de este vino en Japón, tampoco duda del éxito de su apuesta, pero matiza que esa conquista se realizará "a largo plazo".

"Las personas que no se atreven a abrir una botella, porque creen que es demasiado el volumen, preferirán comprarse una lata", señaló un portavoz de la empresa.

La lata de vino de 250 mililitros, que llenaría dos copas, cuesta 440 yenes (unos tres euros) y se puede conservar hasta cinco años en condiciones idóneas de mantenimiento, de acuerdo con sus fabricantes.

A los pioneros australianos de este recipiente tan poco convencional para una bebida de tal nobleza gastronómica les surgió la idea hace diez años, después de que una botella de vino se les cayera en un jacuzzi y estuviera apunto de romperse.

Los primeros clientes en Japón de este vino enlatado han sido los amantes de las pizzas, ya que desde hace un año sólo se podía adquirir a través de una cadena de pizzerías con servicio a domicilio.

Sin embargo, desde hace unos meses, este vino australiano que se presenta en dos variedades, el "Cabernet Shiraz Merlot", tinto y rosado, y el "Chardonnay Semillon" blanco y espumoso, se codea con los grandes reservas en botella.

La distribuidora ha introducido sus latas en los supermercados de lujo de la capital japonesa, como Kinokuniya, en el exclusivo barrio de Omotesando, o la cadena Queens Isetan.

Por el momento, la compañía no tiene previsto vender este vino en las máquinas expendedoras, donde figuraría junto a la cerveza, el sake (licor de arroz) y el shochu (aguardiente de patata dulce).

Japón es un país que tiene devoción por estas máquinas, que se distribuyen por todos sus centros urbanos y llegan hasta los sitios más insospechados en la accidentada orografía del archipiélago.

Se calcula que en todo el país existen unos 3 millones de distribuidores automáticos de bebidas, que consumen una energía colosal, equivalente a la que necesitan 1,3 millones de hogares.

Además del agua, los refrescos y la bebidas energéticas, también se pueden encontrar en estas máquinas decenas de tipos de café y té en lata, tanto caliente como frío, por lo que a los japoneses no les sorprendería toparse en breve con una de vino.

"Si es barato, se venderá", señala en un perfecto español Yoshiko Akehi, delegada en Japón del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen de Jerez y Manzanilla.

Akehi considera que el vino en lata terminará haciéndose un hueco en Japón, donde señala que sólo se beben tres litros de vino por persona, una cantidad ampliamente superada por el consumo del sake o la cerveza.

"No será un gran éxito pero es posible que acabe vendiéndose en tiendas de 24 horas (las ‘convenience stores’), donde los jóvenes van mucho a comprar vino y cócteles", señaló.

La impulsora del diploma de venenciador en el archipiélago nipón se desmarca de este tipo de clientes y señala que los amantes del vino como ella se interesan, por ejemplo, por el tipo de corcho. "Nosotros no preguntamos si está envasado en lata o cartón", agrega.

Pero reconoce que "la influencia del nuevo mundo vinícola (en referencia a países como Australia) es muy fuerte, como la moda" y el producto penetrará si es "fácil de comprar".


Por Daniel Guajardo
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