Inicio 25 de noviembre de 2010

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La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse
La cepa italiana Lambrusco llega a Chile para quedarse

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Robo de ganado se triplica en diez años


Hace dos semanas, en Malleco se recuperó un potro de raza chilena avaluado por su propietario en más de diez millones, justo antes de que fuera faenado en una comunidad mapuche de la Comuna de Ercilla. Menos suerte corrieron dos hijos de uno de los corraleros más cotizados de la zona sur, los que terminaron sus días descuartizados en un matadero clandestino.

Los cuatreros modernos están generando millonarias pérdidas a los ganaderos del país, situación que ahora se ve facilitada por una legislación más laxa que en el pasado por la falta de denuncias y por la capacidad de organización que muestran las bandas dedicadas a este delito.

Sólo en la Región de Magallanes, por ejemplo, cada año se pierden del orden de 70 mil cabezas de ovino, cuyo valor promedio es de $27 mil. Esta situación rara vez termina con los autores en la cárcel, puesto que la mayoría de los ganaderos no denuncia, y cuando lo hacen, la diligencia resulta inconducente.

Tal como advierte el presidente de la Asociación de Ganaderos de Magallanes, Jorge de Grenade, las únicas cifras fidedignas sobre este delito “son las que nos entregan nuestros socios”, ya que rara vez se logra alguna condena por abigeato. En el mejor de los casos, se condena por receptación.

El diagnóstico que hace el dirigente encuentra un fiel correlato en las estadísticas. El último reporte publicado por Carabineros (2008) da cuenta de apenas 42 denuncias en esa región y sólo 12 personas detenidas.

Abigeato por tres

Las cifras más recientes muestran que durante la última década las denuncias por abigeato pasaron de 1.715 a 4.615 al año; es decir, casi se triplicaron. Paralelamente, los detenidos disminuyeron de 398 a 384 al año.

Dentro de ese panorama, la situación que sufren los ganaderos de la Novena Región es una de las más delicadas: registran el mayor número de robos, pese a que ni siquiera es la zona con la mayor masa ganadera del país.

En 1997, los afectados de La Araucanía denunciaron 258 casos, y en 2008, 991. Pese a ese explosivo aumento, los detenidos aumentaron sólo de 69 a 83.

Tal como explica el secretario general de la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco (SOFO), Andreas Köbrich, aunque el tema del abigeato no se relaciona necesariamente con el conflicto de tierras entre agricultores y mapuches, es un hecho que el 50% de los casos se concentra en las inmediaciones de Ercilla, que es donde operan las comunidades más conflictivas.

Otro dirigente que prefiere mantener en reserva su identidad comenta que hace unas semanas lo único que encontró de su mejor caballo fue la cabeza: “La gente no suele comer carne de equino. Todo el mundo sabe que por una cuestión cultural, los que consumen esta carne son las comunidades indígenas. El problema es que se trata de un delito de escasa connotación social y, naturalmente, la fiscalía prefiere canalizar sus energías y sus recursos a otro tipo de ilícitos”.

El robo de animales de alto valor comercial se ha generalizado de tal modo, que durante octubre de 2009 el propio presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Luis Mayol, sufrió el robo de, nada menos, siete valiosos caballos poleros.

En ese caso, el agricultor atribuyó la sustracción a un robo por encargo más que a un caso de abigeato ordinario.

Los Lagos

La Región de Los Lagos es la que concentra el mayor número de vacunos en el país (1,8 millones de cabezas de un total nacional de 3 millones), y según el presidente de Agrollanquihue, Eduardo Schwerter, cada año pierden del orden de 3.000 animales de alto valor. A pesar de eso, los detenidos no superan los 68 anuales.

Si se considera que un vacuno de raza puede costar unos $500 mil, los ganaderos de la región pierden unos $1.500 millones al año, sin considerar los equinos de raza chilena que tienen algunos agricultores y que también han sido faenados en los propios predios.

“En el último robo me sacaron una vaquilla preñada y la encontré faenada en un campo vecino, a tres kilómetros de acá. Después, le tocó al vecino y encontraron el animal en mi campo. Aquí se trata de bandas bien organizadas, que primero hacen una visita inspectiva, ubican a los animales y arriendan un camión. Cometen el delito en la noche, faenan en el mismo campo, y en un rato están a 30 kilómetros distribuyendo”.

La periferia de las grandes ciudades es el destino predilecto de esta carne. De hecho, hace unos años fueron encontrados en un matadero de La Cisterna trece caballos de raza chilena -dos yeguas preñadas- listos para ser faenados.

Una de las posibilidades que concitan más apoyo entre los ganaderos es aplicar sanciones parecidas a las que contemplaba la “Ley del Loco”, la que permitía a la autoridad incautar los vehículos y herramientas que utilizaban las personas que infringían la veda de este molusco.

La semana pasada, de hecho, los ganaderos de Los Lagos se reunieron con el fiscal regional y le hicieron ver que este delito ya no es cometido sólo por personas pobres que roban para comer, sino por bandas bien organizadas y que tienen como principal canal de distribución los mataderos ilegales y las ferias libres de las ciudades.

Uno de los principales riesgos de comprar esta carne en lugares no autorizados -dice Schwerter- es que algunos de los animales robados pueden haber estado bajo tratamiento con antibióticos y otros productos utilizados frecuentemente por los veterinarios y que pueden provocar serios daños a la salud de las personas.

Usan pruebas de ADN para recuperar animales más valiosos

Uno de los problemas que enfrentan los ganaderos para acreditar el delito de abigeato es la falta de pruebas que acrediten la propiedad de los animales. Dentro de ese marco, el propietario del Fundo Coyhaique Bajo, José Rodríguez, es uno de los primeros productores del país que logró recuperar dos de sus animales a través de pruebas de ADN.

“Hace un año -recuerda- nos robaron dos vacas y se las llevaron a otro campo. Les seguimos el rastro y las encontramos cerca de Balmaceda. Las habían marcado de nuevo, pero uno reconoce sus animales. Le dijimos al fiscal que esas vacas eran las madres de unos terneros que todavía teníamos en el campo y que les hiciéramos pruebas de ADN. Probamos que eran de nosotros y condenaron a los hechores. Era una familia organizada para robar a pequeña escala, tenían hasta una carnicería”.

En otras zonas también están recurriendo a la ciencia para proteger a los animales más valiosos. En el caso de la SOFO, de Temuco, los ganaderos trabajan con el Centro de Reproducción y Manejo Animal de la Universidad Austral para crear una base de ADN que les permita acreditar la propiedad de algunos animales.

Tal como explica Andreas Köbric, este Centro se ha especializado en temas de ADN e inseminación artificial. “Para nosotros es muy importante ese trabajo, puesto que las muestras de carne, pelo o sangre que encontramos incluso en los cuchillos sirven para comparar el origen del ganado y rendir pruebas”.

Ovejas se convierten en carnada para pescar centollas

Durante los últimos años, la Región de Magallanes ha sido testigo de una silenciosa guerra entre ganaderos y los pescadores de centollas. Algunos de estos últimos son señalados como los principales responsables del robo de ovinos, los que son utilizados como carnada para la centolla durante la temporada de extracción de este crustáceo. Según el presidente de la Asociación de Ganaderos de Magallanes, Jorge de Grenade, el gran problema es que no hay denuncias ni castigos. En 35 años, dice, el abogado de la Asociación ha presentado cerca de 25 causas y ha conseguido dos condenas. Como las penas van de tres a cinco años y los jueces aplican las más bajas, rara vez alguien va a la cárcel.

Fuente: Emol


Por Daniel Guajardo
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