Una de las percepciones más extendidas y más equivocadas en el mundo agrícola es que las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y su certificación son privilegio exclusivo de las grandes agroexportadoras con capital para contratar consultores, construir instalaciones y pagar costosas auditorías internacionales. Esta percepción no solo es incorrecta: también es una barrera mental que impide a miles de pequeños productores acceder a beneficios concretos que ya están disponibles para ellos. La certificación BPA es alcanzable para cualquier productor que esté dispuesto a cambiar hábitos, documentar sus prácticas y buscar los apoyos que los Estados y los organismos internacionales han diseñado específicamente para facilitar este proceso.
El pequeño productor y las BPA: una relación que hay que construir
La FAO reconoce abiertamente que en relación a los pequeños y medianos productores existe consenso en que su nivel de conocimiento sobre BPA es muy reducido, y que hay una ausencia de metodologías claras de apoyo para que los productores puedan afrontar las inversiones iniciales necesarias. Esta brecha de información es el primer obstáculo: muchos productores no saben qué es exactamente lo que se les pide, no conocen los programas públicos disponibles y sobreestiman los costos del proceso.
La buena noticia es que las BPA le ofrecen al pequeño productor la oportunidad de hacer las cosas bien y, al dar garantía de ello, le permiten aprovechar los beneficios económicos, medioambientales y de seguridad que disfrutan quienes ya las han implementado. El punto de partida no es la certificación: es el cambio de prácticas. Y ese cambio —en muchos casos— no requiere inversión monetaria sino compromiso, disciplina y la disposición de aprender algo nuevo.
Lo primero: entender qué es lo que realmente cuesta
Uno de los miedos más frecuentes del pequeño productor frente a las BPA es el costo. Para desmitificarlo, es fundamental separar los componentes del proceso y evaluar cada uno con realismo.
Un estudio de certificación con 289 fincas de pequeños productores reportó que la inversión promedio por finca —incluyendo infraestructura, equipamiento, registros, seguimiento, capacitaciones y certificación— fue de US$ 1.700. Esta cifra, distribuida en el tiempo que dura el proceso de implementación, representa una inversión manejable que, en la mayoría de los casos, puede financiarse con apoyo público o con el propio flujo del negocio.
Los costos reales del proceso se concentran en tres categorías:
- Infraestructura básica: Bodega de insumos, servicios sanitarios, área de postcosecha. Muchas de estas mejoras pueden hacerse con materiales locales y mano de obra propia, reduciendo significativamente el costo.
- Análisis de laboratorio: Análisis de suelo y agua son obligatorios. En varios países, los organismos públicos ofrecen estos análisis a precios subsidiados o gratuitamente para pequeños productores.
- Auditoría de certificación: Este es el costo más variable. En los sistemas públicos nacionales —como el SENASA en Perú— la certificación es completamente gratuita, lo que elimina el mayor gasto del proceso.
Perú: la certificación BPA es gratuita
En Perú, la certificación en BPA es voluntaria y gratuita para todos los productores que deseen acceder a ella. El SENASA —Servicio Nacional de Sanidad Agraria— es el organismo responsable del proceso, y para iniciarlo el productor solo debe visitar cualquier oficina del SENASA en su localidad y presentar la solicitud de Verificación y Certificación Voluntaria de Buenas Prácticas Agrícolas con la documentación básica requerida.
En 2025, el SENASA aprobó además el Sello de Buenas Prácticas Agrícolas, un distintivo gratuito que lleva un código QR rastreable que permite a los consumidores verificar que el producto proviene de un predio certificado, con una vigencia de dos años desde su emisión. Este sello tiene el potencial de transformar la producción agrícola familiar en Perú, facilitando que los agricultores más pequeños entren en cadenas de valor formalizadas —supermercados, mercados de abasto, incluso exportaciones— porque su producción estará certificada para cumplir con estándares de sanidad e inocuidad. Alrededor de 65.220 productores ya se encuentran preparándose para certificar sus predios bajo este sistema.
Ecuador: proceso gratuito con acompañamiento del Estado
En Ecuador, el proceso de certificación BPA es administrado por Agrocalidad y el servicio inicial también es gratuito para quienes comienzan el proceso. El organismo ofrece acompañamiento técnico para que el productor entienda los requisitos, implemente las mejoras necesarias y complete su expediente antes de la auditoría oficial. Para solicitar el inicio del proceso, el productor debe acercarse a las oficinas de Agrocalidad en su provincia y presentar la documentación básica del predio.
El tiempo de certificación en Ecuador varía según el estado inicial del predio, pero el acompañamiento institucional disponible reduce significativamente el período de implementación y permite al productor pequeño avanzar con orientación profesional sin contratar asesoría privada.
Colombia: la ruta desde la norma nacional hacia GlobalG.A.P.
En Colombia, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) bajo la Resolución 824 establece la normativa BPA nacional que los productores deben cumplir como primer paso. Este primer filtro, administrado por el Estado, asegura que las prácticas ya cumplan con los estándares nacionales antes de que el productor decida avanzar hacia certificaciones internacionales. Una vez certificado en BPA nacional, el productor tiene una plataforma sólida desde la cual proyectarse hacia GlobalG.A.P. con costos y esfuerzo significativamente menores que si comenzara directamente desde cero.
La certificación grupal: la herramienta más poderosa para el pequeño productor
Para los productores que necesitan reducir al máximo los costos del proceso, la certificación grupal es la herramienta más eficiente disponible. Los pequeños productores pueden formar un grupo y obtener la certificación de esta manera; para muchos, la certificación grupal es la única manera viable de acceder a ella.
Bajo este esquema, un grupo de productores —que pueden organizarse a través de una cooperativa, asociación, comunidad campesina o programa estatal— comparte los costos de la auditoría, el acompañamiento técnico y la infraestructura común. Un técnico asesor trabaja con todos los miembros del grupo simultáneamente, reduciendo el costo por predio. La auditoría oficial puede realizarse de forma conjunta, con el auditor visitando varios predios en una misma jornada y compartiendo el costo entre todos los participantes.
La FAO ha impulsado la creación de sellos regionales que permiten diferenciar los productos BPA de pequeños productores para mercados locales, para quienes no pueden acceder a los altos costos que supone asumir una certificación BPA plena. Estos sellos regionales y grupales son el punto de entrada natural al ecosistema de certificación para el productor de pequeña escala.
Programas de apoyo disponibles: no hay que ir solo
Uno de los errores más frecuentes del pequeño productor es enfrentar el proceso de certificación sin conocer los recursos de apoyo disponibles. En toda América Latina existen programas —públicos, de cooperación internacional y privados— diseñados específicamente para acompañar a los pequeños productores en su camino hacia las BPA.
- INDAP (Chile): Ofrece programas de asistencia técnica y subsidios a la inversión predial para pequeños agricultores, incluyendo aportes para infraestructura BPA, cofinanciamiento de análisis de laboratorio y capacitación técnica gratuita a través de sus Centros de Gestión.
- MIDAGRI / SENASA (Perú): Además del proceso de certificación gratuita, el ministerio publica guías específicas de implementación BPA para cultivos como plátano, piña, papa y otros, adaptadas a la realidad del pequeño productor de cada región.
- Agencias de cooperación internacional: Organizaciones como CRS (Catholic Relief Services), GIZ, IICA y Acción contra el Hambre han desarrollado programas de certificación BPA para pequeños productores en varios países latinoamericanos, financiando el acompañamiento técnico, la infraestructura básica y los costos de certificación.
- Empresas ancla y agroindustrias: Muchas plantas empacadoras y agroindustrias que compran a pequeños productores ofrecen asistencia técnica para que sus proveedores certifiquen en BPA, ya que la certificación de su base de proveedores mejora su propio perfil de riesgo ante compradores internacionales.
- Programas provinciales: En Argentina, el Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba tiene activo el Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias orientado a incentivar la producción sostenible entre los productores de la provincia.
Herramientas digitales gratuitas para la gestión documental
La digitalización ha reducido dramáticamente uno de los costos históricos más significativos de las BPA: la gestión documental. Hoy existen herramientas completamente gratuitas que permiten al pequeño productor llevar sus registros de forma ordenada y profesional sin necesidad de imprimir formatos ni contratar sistemas de software costosos.
Plataformas como SafetyCulture (iAuditor) ofrecen una cuenta gratuita que permite agregar hasta 10 trabajadores o miembros del equipo, realizar auditorías desde el teléfono celular con o sin conexión a internet, y generar automáticamente informes profesionales en PDF que pueden compartirse por correo electrónico con compradores o auditores. Para el pequeño productor que comienza, una cuenta gratuita de este tipo puede reemplazar completamente al cuaderno de registros manual y generar la misma documentación que un sistema de gestión costoso.
Otras opciones de bajo costo incluyen hojas de cálculo en Google Sheets organizadas por módulo (fertilización, fitosanitarios, riego, cosecha), formularios de Google Forms para el registro de actividades desde el campo, y aplicaciones de fotos con georreferenciación y timestamp para documentar el estado del predio en diferentes momentos del ciclo productivo.
Un plan de implementación gradual y realista
Para el pequeño productor que se enfrenta por primera vez a las BPA, la clave es la gradualidad. No se trata de transformar todo el predio en un solo mes: se trata de avanzar sistemáticamente, priorizando las acciones de mayor impacto con menor costo.
Una hoja de ruta realista para el productor de pequeña escala puede estructurarse en tres fases:
Fase 1 — Primeros 3 meses (sin costo significativo):
- Iniciar los registros de todas las actividades productivas, aunque sea en un cuaderno.
- Identificar y señalizar los productos fitosanitarios almacenados.
- Elaborar un croquis básico del predio.
- Contactar a SENASA, Agrocalidad o el ICA local para informarse sobre el proceso de certificación y obtener la guía del cultivo correspondiente.
- Participar en charlas o capacitaciones gratuitas disponibles en la zona.
Fase 2 — Meses 3 a 6 (inversión básica en infraestructura):
- Acondicionar o construir la bodega de insumos con los materiales disponibles.
- Instalar un punto de lavado de manos y servicios sanitarios básicos en el campo.
- Realizar los análisis de suelo y agua en laboratorio.
- Comenzar a trabajar con los formatos de registro oficiales del organismo certificador.
- Solicitar la asistencia técnica del programa de apoyo disponible en la región.
Fase 3 — Meses 6 a 12 (hacia la certificación):
- Realizar una auditoría interna con el apoyo del técnico asesor.
- Corregir las no conformidades identificadas.
- Solicitar formalmente la certificación ante el organismo competente.
- Complementar con la formación del personal en higiene, manejo de fitosanitarios y primeros auxilios.
El sello BPA como puerta a mercados formales
Para el pequeño productor latinoamericano, la certificación BPA no es el final del camino: es el comienzo de uno nuevo. Con el sello en mano, el productor puede presentarse ante supermercados, mercados mayoristas organizados, agroindustrias y exportadoras con una credencial que certifica la calidad e inocuidad de su producción. Esto no solo implica mayores ingresos, sino también una mayor estabilidad productiva y comercial al reducir las barreras para la participación en mercados más exigentes.
El pequeño productor que certifica en BPA deja de competir únicamente por precio en los mercados informales y comienza a competir por calidad en los mercados formales. Esa es, en definitiva, la transformación más profunda que las BPA ofrecen a quien las adopta: no es solo un certificado colgado en la pared, sino un cambio estructural en cómo el productor se relaciona con el mercado y en el valor que su trabajo recibe a cambio.